jueves, 1 de marzo de 2012

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      "¿Dónde está mi mamá?" Un coche rojo había abandonado la carretera a toda velocidad; mientras la niña con un hilo de voz le preguntaba al conductor del camión que acababa de aparcar en el arcén de la carretera por un pinchazo. El hombre miró a lo lejos. No había nadie más que él. Joder, llego tarde y ahora esto. La niña lo miraba con un interrogante. Su mirada parecía la de un animal abandonado, incrédulo, pero consciente. No había ingenuidad en sus ojos verdes. Era una adulta en un cuerpo de una niña de diez años. "Aquí no hay nadie más que tú y yo. No voy a interrumpir mi ruta por ti. Llego tarde." "Mi madre me dijo que no me subiera con extraños." Asunto arreglado, me voy. Se limpió las manos con un trapo, guardó las herramientas, cogió un bocadillo del asiento del acompañante y le ofreció la mitad.  "Mi madre dice que no coja comida de los extraños."  "Guárdalo. Lo necesitarás." Subió al camión, encendió el motor y arrancó sin mirar atrás. ¿Quién puede abandonar a una niña en el desierto? Miró por el retrovisor: se había sentado encima de una piedra, con el bocadillo en la mano y la mirada perdida hacia atrás. Si su madre la había dejado a su suerte, ¿qué podía hacer él?

2 comentarios:

  1. el retrovisor le devolvía la sensación de sentirse observado pero la niña no había vuelto a mirar en su dirección, sólo había una explicación 84 visitas lo habían visto todo y tan sólo era el comienzo del viaje.
    Eva.

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