sábado, 4 de agosto de 2012

AG


Diario en el suelo, ropa desperdigada alrededor de la habitación. Botella de whisky vacía, con una última gota resbalando por la boca.
Quintin despertó y vio que al otro lado de la cama no había nada. Se incorporó levemente. Notó un pinchazo en la sien y una espesa niebla en su mente. Ahora mismo solo tenía pequeños flashes del día de ayer “¿Ayer, seguro?” y su cuerpo solo le pedía acostarse nuevamente.
Con gran esfuerzo, se levantó y arrastró los pies hasta el baño. En el camino, tres arcadas y dos nuevos asaltos a la cabeza. Agarrado a la taza, esputó algo de bilis, pues tenía el estomago vacío, y eso solo le hice redoblar los dolores. Se refrescó el rostro y el espejo le devolvió cansancio y varios arañazos en pecho y espalda.
Cogió lo primero que vio y se fue a por algo de beber, la boca como caracol pinchado en un palo. Su gruñido fue convenientemente respondido en recepción.
Regresó hacia su habitación, y se sentó en la puerta, bebiendo largos tragos del refresco de cola y mirando a las estrellas, sin saber el tiempo que había pasado desde el encuentro. Horas, puede que algún día.
- Debiste tomar precauciones - dijo una voz que parecía provenir de una columna cercana.
Apretó los ojos en la dirección del sonido y vio a un hombre a pocos pasos de él, mirando al frente. Rasgos indios, piel curtida.
- Ella no se puede permitir otro embarazo, otra infancia rota.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿De qué me esta hablando? - el dolor al hablar se hizo dueño de su cuerpo.
- De la mujer que esta mañana salió de su habitación, gritando, entre sollozos ‘No debí abandonarte, perdóname’ - Quintin solo reparó en la mala imitación de voz de mujer del indio, sonriendo mentalmente - La vida ha sido muy dura con ella y lo va a seguir siendo.
- Pero quién coño es usted. Lárguese, puto indio, y deje sus batallitas de espíritus para sus bailecitos en la hoguera.
- Recuerda - dijo, sin cambiar el tono de voz - Los pequeños detalles hacen huracanes a nuestro alrededor.
Y el indio desapareció entre las sombras, tal cual apareció, sin que Quintin le dedicara algo más de un mirada de soslayo, hueca.
El refresco hizo su efecto y su estomago rugió. Corrió hacía la puerta de su habitación, dirección al baño.

1 comentario:

  1. Se nota la vena masculina.
    Pero se va viendo el nexo entre los dos.
    Pilar

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