Diario en el suelo, ropa desperdigada alrededor de la
habitación. Botella de whisky vacía, con una última gota resbalando por la
boca.
Quintin despertó y vio que al otro lado de la cama no había
nada. Se incorporó levemente. Notó un pinchazo en la sien y una espesa niebla
en su mente. Ahora mismo solo tenía pequeños flashes del día de ayer “¿Ayer,
seguro?” y su cuerpo solo le pedía acostarse nuevamente.
Con gran esfuerzo, se levantó y arrastró los pies hasta el baño.
En el camino, tres arcadas y dos nuevos asaltos a la cabeza. Agarrado a la
taza, esputó algo de bilis, pues tenía el estomago vacío, y eso solo le hice redoblar
los dolores. Se refrescó el rostro y el espejo le devolvió cansancio y varios
arañazos en pecho y espalda.
Cogió lo primero que vio y se fue a por algo de beber, la boca
como caracol pinchado en un palo. Su gruñido fue convenientemente respondido en
recepción.
Regresó hacia su habitación, y se sentó en la puerta, bebiendo
largos tragos del refresco de cola y mirando a las estrellas, sin saber el
tiempo que había pasado desde el encuentro. Horas, puede que algún día.
- Debiste tomar precauciones - dijo una voz que parecía provenir
de una columna cercana.
Apretó los ojos en la dirección del sonido y vio a un hombre a
pocos pasos de él, mirando al frente. Rasgos indios, piel curtida.
- Ella no se puede permitir otro embarazo, otra infancia rota.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿De qué me esta hablando? - el dolor al hablar se
hizo dueño de su cuerpo.
- De la mujer que esta mañana salió de su habitación, gritando,
entre sollozos ‘No debí abandonarte, perdóname’ - Quintin solo reparó en la
mala imitación de voz de mujer del indio, sonriendo mentalmente - La vida ha
sido muy dura con ella y lo va a seguir siendo.
- Pero quién coño es usted. Lárguese, puto indio, y deje sus
batallitas de espíritus para sus bailecitos en la hoguera.
- Recuerda - dijo, sin cambiar el tono de voz - Los pequeños
detalles hacen huracanes a nuestro alrededor.
Y el indio desapareció entre las sombras, tal cual apareció, sin
que Quintin le dedicara algo más de un mirada de soslayo, hueca.
El refresco hizo su efecto y su estomago rugió. Corrió hacía la
puerta de su habitación, dirección al baño.
Se nota la vena masculina.
ResponderEliminarPero se va viendo el nexo entre los dos.
Pilar