sábado, 21 de abril de 2012

AF

Motel Riverside Día 2
¡Jooooder! En todo el viaje no había vivido algo así. Me tiembla la mano al escribir.
Tras un par de horas en el café del motel, con una charla intrascendente, me convenció para bajar al pueblo. Fuimos andando, estaba cerca. Nos metimos en el primer bar que encontramos y pedimos cerveza y whisky. Era demasiado temprano, pero me estaba dejando llevar. No sabía el que, pero algo me empujaba a seguir su ritmo, que no era nada lento. Varias rondas después y alguna partida de billar, me había quedado sin dinero. Le ofrecí acompañarme al motel, a lo que respondió cogiendo el bolso y saliendo por la puerta. Entramos en la habitación y mientras cogía dinero de la mochila, escuche que echaba la cadena de la puerta. Me giré y vi que estaba apoyada en la puerta, con los ojos fijos en mi. Y solo decían una cosa: Follame. Me acerqué. Metí mi mano en su falda. Con un respingo y una mirada al techo, se soltó. Me empujó a la cama y...
He perdido la noción del tiempo, sé que ha pasado alguna hora. Tengo en mi mente dos, tres veces. Violado, dominado, ella llevaba las riendas, los tiempos. Jamás había visto algo así, era como una loba en celo. Es el mejor polvo de mi vida, coño.
Debí tomar precauciones
Ahora, descansa al otro lado de la cama, desnuda, de espaldas, un culo maravilloso. Creo que...


Soltó el diario. Deslizó su mano y agarró uno de sus pechos. Mientras, con la otra, abrió un poco sus piernas y, totalmente excitado, la penetró por detrás. Uno, dos, tres. Siguió empujando sin importarle nada, sin reparar que, contra el brazo que no soltaba el pecho, chocaban lágrimas negras de rimel.

lunes, 9 de abril de 2012

6

Tras dos millas de camino, encontraron un cartel:  "Welcome to St James Valley".  "Ya estamos cerca". La niña giró la cabeza, como había hecho durante todo el camino. Esta niña es muy fuerte, pero hay algo que la preocupa. "No tengas miedo." "No lo tengo." "¿Por qué miras durante todo el camino hacia atrás?" "Tengo un lobo que me sigue." "No te hará daño." Angie miró con autosuficiencia. "Lo sé." En cuanto llegue a casa debo hablar con John. Esta niña es muy especial. 

Tras haber pasado una decena de casas, se detuvieron ante una de madera. Estaba pintada de blanco y colgaban botes de cristal con diferentes flores y hierbas en el porche. En el pequeño jardín, un perro atado ladraba mientras movía la cola. "Mi lobo no le hará daño."  "Lo sé." La niña miró a Josephine.  "Yo sé que tú eres un maga."  "No. No lo soy." "Sí, lo eres." Señaló con una mano. "Y él es un mago gigante." Un hombre con el cabello liso y suelto salió a recibirlas. "Habéis llegado justo a tiempo." La niña quedó hipnotizada por la gran figura de aquel desconocido al que no podía dejar de mirar. "¿No quieres comer?" Asintió con la cabeza. "Pues deja a tu lobo fuera y entra." Josephine sonrió. "Lo sabía. Sois magos." Tenemos mucho trabajo contigo, pequeña... "Entra en casa."