- ¡Josephine! ¡Josephine!
No sé qué debía pensar tu madre al dejarte abandonada, pero yo no haré lo mismo. Has madurado demasiado pronto. Esto no me lo esperaba. Fue a su cuarto a por compresas y entró en la habitación de la niña para coger una braguitas blancas de la cómoda donde guardaba las cosas de su hermana Samantha.
- Aquí tienes, mi niña.- dijo alargándole unas braguitas blancas.
- Ha sido sin querer. Lo siento...
- No te avergüences. Nadie controla cuando aparece su luna, mi pequeña loba. Ha llegado tu momento. Es pronto. Tendré que llevarte al bosque a enseñarte qué significa.
Le dio la compresa para que se la pusiera.
- No. No quiero. No lo volveré a hacer, pero no me pongas pañal.
Una lágrima advirtió a la mujer que tenía miedo.
- Lo volverás a hacer cada mes, cariño. A mí también me pasa. No es un pañal, sirve para que no te manches. Se pone así. No te preocupes. Mañana iremos juntas a un lugar donde verás lobos de verdad. Volveremos antes de que se ponga el sol. Te darás cuenta de lo poderosa que eres como mujer...
Angie la miró con un interrogante, pero "es una maga", se dijo. Y asintió en silencio. La idea de ver un lobo de verdad le gustaba mucho. Y en los dos días que llevaba con la familia la habían tratado como nunca nadie lo había hecho. A pesar de todo, la figura de su madre estaba muy presente ahora y tenía ganas de llorar. No lo haré. Me ha dejado sola.
- Ve a dormir. Mañana saldremos con el sol para celebrar tu ceremonia. En los pies de tu cama te he dejado ropa que te puede servir. Pruébatela antes de dormir. Te arreglaré lo que esté roto.
La niña obedeció y se fue en silencio hacia su cuarto.
- Buenas noches, cariño.
- Buenas noches, John. Ahora mismo te preparo la cena, ha sucedido algo.
- Lo sé. He hablado con los ancianos sobre la niña. Se puede quedar. Me han dicho que necesitará esto. - le acercó un pequeño cuenco de madera. - Debemos tener cuidado, su lado animal es muy fuerte. Si no controla su poder, se podría hacer daño a sí misma.
- No me dices nada que no sepa.- Calló a su marido con un beso en la frente y un plato de sopa.- Mañana salimos al amanecer. Sé que el espíritu de Samantha nos guiará.
- Rezaré por vosotras cuando salga el sol.
- Lo sé. Te quiero. Voy a ver cómo le queda la ropa de su ceremonia. Esto es cosa de mujeres.
Su marido la miró con cara de ternura. Empezaba una época difícil para el matrimonio, lo intuía. Angie necesitaba una madre y su mujer una hija, pero había mucho dolor en la niña. lo podía leer en sus ojos.