viernes, 2 de noviembre de 2012

8

- Angie, cariño, despierta... Hoy va a ser un día especial, cielo.

La niña la miró con sus grandes ojos azules. Josephine había dejado una mochila en el suelo. 

- ¿Dónde me llevas? ¿Es porque he manchado las sábanas? No volveré a hacerlo -sollozó-.

- No te preocupes, ahora lo lavamos. Ya te dije ayer que hoy haríamos algo especial. Ponte esta ropa y las botas, hoy vamos a caminar un rato. 

La niña empezó a vestirse con lentitud, intentando parar el tiempo en cada movimiento que hacía. Josephine deshizo la cama. Tranquila, no tengas prisa, mientras tú te vistes, yo lavaré esto. Y la besó en la frente.

¡Mi mamá! ¿Dónde está mi mamá? Empezó a llorar con desconsuelo. ¡Mamaá! Josephine se acercó a su lado. Por fin lloraba por su madre... La abrazó fuerte. Esto es lo que necesitas, amor, pensó, mientras apretaba a la niña contra su pecho. ¡Mamaá!, ¡Mamaaá! No podía entender cómo una mujer podía dejar su instinto aparcado en la cuneta de la carretera. ¡Mamaaá! John le había dicho que había ido al pueblo a preguntar por ella, pero ya se había marchado. Había pasado la noche con un desconocido. Aunque parecía claro que se había ido con él por voluntad propia, una pareja de novios la habían visto marcharse golpeada y despeinada en un coche rojo. ¡¡¡¡Mamaaá!!!! 

Ya no puedo más...

- Sssttt... Tranquila, tranquila... Hoy vamos a ver lobos las dos. Ven que te limpie esos ojos tan bonitos. Te contaré el plan. Quería que fuera una sorpresa, pero creo que te he asustado.

- ¿No me dejarás sola otra vez?

- No, cariño. No te dejaré sola, porque no estás sola. Vas siempre con tu lobo y tu fuerza interior. 

- Pero, ¿no me dejarás sola otra vez?

- No, cielo. Vamos a ir a buscar un árbol, uno que te guste mucho. Vas a sentarte debajo de él y dejarás que la sangre caiga en sus raíces... No te preocupes, estaré cerca, pero lo harás sola. Luego nos sentaremos debajo a su sombra y esperaremos a tu lobo.

- ¿Seguro que vendrá?

- Si. Solo tenemos que esperarlo...Si no es él, quien nos espera a nosotras junto al árbol. Pero tenemos que darnos prisa: hay un camino largo en coche y andando...

La niña asintió con la cabeza.

- Eres una maga- susurró entre dientes.